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lunes, 13 de noviembre de 2017

El consenso, más necesario que nunca



«Si estás ansioso, vives en el futuro; si estás deprimido, vives en el pasado; si estás en paz, vives en el presente». Lao Tse.

La otra noche un amigo me comentaba sentirse deprimido. Yo le recordé esa sentencia de Lao Tse, a la vez que le preguntaba qué pensamientos lo llevaban a ese estado. «Porque no pude disfrutar de mis hijos cuando eran pequeños», afirmó. Le recomendé pensar en lo que había hecho ese día y el día anterior y le pareció que estaba bien, que había actuado conforme a su buen hacer. Entonces lo invité a aplicar ese mismo juicio a su actuación cuarenta años antes, pues normalmente hacemos lo que creemos que es mejor dentro de nuestras posibilidades. De igual manera sucede en cualquier organización civil o política.

Llevamos tiempo pensando que la Constitución se nos ha quedado pequeña, que los «padres» que la crearon se quedaron cortos, que fueron unos consensos forzados por las circunstancias, con un ejército vigilante… Es evidente que todo es susceptible de hacerse mejor, pero tendemos a verlo más adelante, porque a toro pasado hay muy buenos toreros, como solemos decir. Es verdad que hace bastante tiempo que se debería haber empezado con los trabajos para reformar la Carta Magna, pero también es verdad que las circunstancias políticas de estos años difieren mucho de aquellas que propiciaron los consensos que alumbraron la Constitución de 1978.

Si hemos de ver la parte positiva en todo lo que está sucediendo en Cataluña, es que se ha forzado a acometer, más bien pronto que tarde, una reforma constitucional acorde con la sociedad actual. Naturalmente, ha de buscarse el mayor consenso, pues ya hemos vivido un amago de lo que nos puede acarrear el no hacer nada. Quien lleva el timón es quien tiene la responsabilidad y el deber de aunar fuerzas en aras de conseguir el mayor consenso posible, para que se tarde mucho en opinar que se podía haber hecho mejor.


Publicado en:
http://www.lanzadigital.com/opinion/consenso-mas-necesario-nunca/
http://www.dclm.es/opiniones/3482/el-consenso-mas-necesario-que-nunca
https://www.clm24.es/opinion/casimiro-pastor/consenso-mas-necesario-nunca/20171114083155180947.html

lunes, 16 de octubre de 2017

La Constitución como marco


«Haz las cosas difíciles mientras son fáciles y las grandes cosas mientras son pequeñas». Lao Tse.

Es cierto que hay que reformar el marco constitucional porque se nos ha quedado pequeño, y cuando lo hayamos agrandado, tendremos uno nuevo en el que cabrán más cosas. A ello se han comprometido en un plazo de seis meses los dos grandes partidos de nuestro país. Mientras se llega a ese nuevo ámbito, las reglas del juego son las que son y nadie se las puede saltar. Se habla, se dialoga, se espera y se acuerda. No es tan complicado cuando las partes quieren comunicarse, pues en este caso se emite y se recibe en la misma banda de frecuencia.

La «no-respuesta» del president Puigdemont al presidente Rajoy nos lleva a un nuevo escenario, con la activación de los plazos del desgraciadamente ya famoso artículo 155 de la Constitución. Estamos en ese punto del inicio de los conflictos en el que cada parte pone a la otra unas condiciones «sine qua non», aun a sabiendas de que no las cumplirá, arrogándose el 100% de la razón y vendiéndole a los suyos sus proezas.

Cuánto bien pueden desarrollar los buenos políticos y cuánto dolor pueden causar los malos. ¡Para que luego se les critique y se les meta a todos en el mismo saco! Los buenos trabajan para el bien común y los malos, para sí mismos y su círculo. Ahora bien, hay un tercer tipo de político; este es el más peligroso, porque es difícil prever sus movimientos y parece darle igual una opción que otra. Ejemplos de este último tipo los tenemos en ocasiones en la prensa mundial, no solo en la española, y en la historia. Los de esta estirpe suelen encontrarse en el origen de los conflictos.

Los nacionalismos nos trajeron un siglo XX con dos guerras mundiales y otras más locales. Un horror al que no debemos volver, sabiendo de esa experiencia. Pero últimamente nos encontramos con una parte de nuestras sociedades occidentales que parece no haber aprendido de la historia; el caso es que están llevando otra vez la burra al trigo. Ahí están los recientes resultados electorales en algunos países centroeuropeos, algunas manifestaciones violentas, incluso aprovechando eventos deportivos… Ahí está, en un ámbito mucho más amplio, Cataluña. ¿Adónde la están llevando unos cuantos políticos que no parecen ver más allá de sus narices?

La solución pasa, evidentemente, por la política. Hágase válido lo que pueda hacerse válido, refórmese lo reformable y haya mesura por parte de todos. Confiemos en que se imponga el sentido común y la paciencia; en que el «incendio» catalán se apague (¡lástima de los auténticos incendios en Galicia!) y puedan sentarse, dialogar y acordar soluciones plausibles para que este gran país siga siéndolo, en el contexto de la UE al que pertenecemos, y retomemos consciencia de que unidos somos más fuertes y mejores.

Publicado en:





jueves, 5 de junio de 2014

¿Y ahora qué hacemos?


Si estuviera Zapatero en La Moncloa con deflación, endeudando a España en 400 millones al día, con casi 6 millones de parados, con el FMI diciendo que ni en cinco años se arregla esto, pero que se siga subiendo el IVA y que se ahonde más en las reformas laborales, y además el partido en el gobierno con una, cada vez menos presunta, “Caja B”, no quiero ni imaginar lo que estarían soltando por su boca las cabezas pensantes del PP, todo debidamente amplificado por el TDT Party y los demás medios afines.

La situación por la que atraviesa España, ya hace tiempo que dejó de ser coyuntural para convertirse en estructural. Es patente el desencanto de amplias capas de la población a las que, desde las estructuras de gobierno, se las somete a todo tipo de flagelo en forma de subida de impuestos, bajada de salarios, merma de libertades, despidos, desahucios…, mientras ven cómo determinados privilegiados se lo llevan crudo, sin que las acciones de la Justicia se perciban como proporcionales a los presuntos delitos cometidos.

No parece salvarse de la quema ni la Casa Real, en donde la infanta Cristina, vía conyugal, se ha visto imputada por el juez Castro en el caso Nóos. El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) revela como las principales preocupaciones de los españoles el paro y la corrupción. En esta situación, no es difícil que el pueblo confunda los asuntos del gobierno con los del Estado, y cuando el pasado día 2 de junio el Rey anunció su abdicación en el príncipe de Asturias, mucha gente, que hasta ahora no se había planteado abiertamente si prefería monarquía o república, salió a las plazas céntricas de numerosas ciudades, con la Puerta del Sol de Madrid como paradigma, pidiendo un referéndum o directamente la república.

Conviene recordar aquí que la Constitución, que mayoritariamente nos dimos los españoles en 1978, tiene previsto desde la cuestión sucesoria de la Corona hasta su propia reforma. Otra cosa es que, debido a las tensiones territoriales y otras cuestiones de convivencia, la Constitución se nos haya quedado como un antiguo traje o vestido de comunión. No es cuestión ya de hacer añadidos y ensanchar costuras. Quizá haya llegado el momento de sentarnos a negociar una nueva Constitución. Pero, ¿dónde están los políticos capaces de llegar a aquellos consensos de los años 70 del siglo pasado?

Está claro que en este momento lo más urgente es que funcione la rueda de transmisión en la cuestión sucesoria, porque es una función de Estado, y don Felipe pase a ser Felipe VI, para seguidamente plantearnos qué hacer con la Constitución. No se trata ya del referéndum sobre qué forma de Estado queremos, si monarquía o república, se trata de algo mucho más amplio y profundo. Eso sí, necesitamos políticos con altura de miras, con capacidad de consenso (palabra que casi ha caído en desuso) y que estén por la labor de aportar. El pueblo español está deseando eso, ahí está el ejemplo de Podemos, el partido sorpresa en las recientes elecciones al parlamento europeo. Ojo con las descalificaciones gratuitas de algunos contra ellos, que no se equivoquen. De hecho, los estrategas de las grandes formaciones los están tomando muy en serio.

Publicado en:
http://www.lanzadigital.com/opinion/y_ahora_que_hacemos-64820.html
http://www.dclm.es/noticia.php?id=24936
http://www.clm24.es/opinion/casimiro-pastor/y-ahora-hacemos/20140607102434048157.html
Lanza, edición en papel, página 23 de opinión. 09-06-2014.

viernes, 26 de agosto de 2011

Reforma constitucional

Nuestra Carta Magna, promulgada en 1978, tan solo ha sufrido hasta ahora una reforma, por el trámite de urgencia. Fue en el año 1992 para adaptarla al Tratado de Maastricht y que pudieran votar los extranjeros en las elecciones municipales. Supuso una reforma tan pequeña que consistió solo en añadir las palabras “y pasivo” en el artículo 13.2.

La pasada legislatura se habló de hacer algunas reformas constitucionales, siendo la más llamativa que en la Casa Real hubiera igualdad entre mujeres y hombres en el derecho de herencia al trono. La distancia entre los dos partidos mayoritarios hizo que se abandonara cualquier intento y no se entró en mayores profundidades.

El estilo de oposición que ha mantenido el PP a lo largo de las dos últimas legislaturas ha sido el de acoso y derribo, sin mover un dedo incluso en momentos especialmente delicados por los ataques especulativos a nuestro país. Cuando desde el gobierno se le ha pedido colaboración, la respuesta ha sido del estilo: si quieren colaboración entre gobierno y oposición, esperen a que gobernemos nosotros y colaboren ustedes luego. Tampoco es que desde el gobierno, en general, hayan estado mucho por la labor de tener excesivamente en cuenta las propuestas del partido mayoritario de la oposición.

Nos hemos acostumbrado tanto a la falta de acuerdos entre los dos grandes partidos a lo largo de los últimos 8 años, que cuando se aproximan en algo dan ganas de echarse mano al bolsillo y sujetar la cartera. Como sucede ahora con las prisas que le han entrado al gobierno para reformar la Constitución, y el acuerdo inmediato del PP, “para calmar a los mercados”. Yo me pregunto, ¿qué tal para calmar a los ciudadanos?

Menos mal que no se van a poner cifras concretas en la reforma para el déficit asumible en las administraciones, pues ponerlas supondría un corsé a futuro de imprevisibles consecuencias para el bienestar. Esas cifras se concretarán en una Ley Orgánica posterior. Se preguntarán muchas personas el porqué de esas prisas. Parece ser que, puesto que Alemania sí tiene establecido en su constitución unos topes de déficit, han acordado con Francia que toda la zona euro lo incluya en sus respectivas constituciones.

Claro, los nacionalistas vascos ya quieren aprovechar la reforma para lograr más independencia y los catalanes dicen que ellos solo se deben a su parlamento. Otros se preguntan por qué no se introducen los cambios de los que se ha venido hablando estos años y muchos están pidiendo un referéndum, dada la importancia que supone esta reforma para el futuro de los españoles.

La Constitución es la Ley de leyes, la piedra angular de nuestro sistema jurídico y de convivencia. Se abre el melón para sucesivas actualizaciones, pues salvo la mínima de 1992, esta es la primera vez que se hace una auténtica reforma. Lástima que se haya basado solo en intereses económicos. Como ya se ha demostrado que se puede, y quizá se deba, adecuar nuestra Constitución a las necesidades actuales de España, será necesario que se pongan de acuerdo democráticamente nuestros políticos, contando con la opinión del pueblo, y no que parezcamos estar al albur de la dictadura de los famosos y temidos mercados.

Publicado en:
http://www.dclm.es/noticia.php?noticia=101968, 26-08-2011.
Lanza de Ciudad Real, Opinión, pág. 31. 27-08-2011.
http://www.lanzadigital.com/opinion/reforma_constitucional-24063.html