lunes, 6 de agosto de 2018

Entre Dios y el César



«El miedo al inmigrante da votos, y los votos son poder». Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger.

Cuando un inmigrante irregular pone un pie en una patera, no es consciente de entrar en la futura campaña electoral del país al que se dirige. Rivera y Casado compiten por los votos del segmento político situado a la derecha de la derecha, por esos votantes a quienes alimentan con sus soflamas contra la «invasión» de inmigrantes irregulares, que saltan fronteras e inundan nuestro país, poniendo en peligro nuestro modo de vida. De millones, citaba Casado que se trataba, en una evidente exageración. Sin embargo, el propio Casado admite que la UE debe promover actuaciones en los países de origen con el fin de evitar que se tengan que marchar; declaraciones que coinciden de pleno con el gobierno. Y, además, no dudó en ir a «hacerse la foto» con inmigrantes a la frontera.

A España, como país frontera de la UE, le sucede lo mismo que a otros países frontera, receptores de inmigración irregular y refugiados. No obstante, no en todos los países se tiene la misma sensibilidad hacia esas personas, que se ven impelidas a jugársela en un viaje incierto y en condiciones extremas. Ahí tenemos a la católica Italia, cuyo ministro del interior y vicepresidente, Salvini, cierra los puertos a cualquier barco que transporte náufragos, contraviniendo el derecho internacional.

En 2013, y ante los innumerables muertos en naufragios cuando se dirigían los inmigrantes a la isla italiana de Lampedusa, el Papa Francisco fue allí a rogar por esos «hermanos» y que no se repitieran esas tragedias. El pasado día 6 de julio, conmemoración del quinto aniversario de ese viaje, el Papa declaró en la homilía que las ONG que salvan inmigrantes son como el Buen Samaritano. El pasado día 28 de julio, el arzobispo de Tánger tuiteó: «Es escandaloso que los cristianos hayamos armonizado tranquilamente comulgar con Cristo y dejar morir a los pobres, honrar crucifijos –colgarlos en las paredes- y crucificar cristos –ahogarlos en el mar o martirizarlos en todos los caminos-».

Hace unos días le preguntaba a un amigo, votante de derechas, si era católico. Al confirmarme que sí, le pregunté si estaba con su jefe político o con su jefe religioso. Me contestó que no hay que mezclar unas cosas con otras. Y en esas estamos. Las izquierdas, sin pensar en creencias, apostando por el apoyo a las personas con independencia de su procedencia, y las derechas, entre Dios y el César. Ay, Señor.


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https://dclm.es/noticias/75007/entre-dios-y-el-cesar-casimiro-pastor
https://www.clm24.es/opinion/casimiro-pastor/entre-dios-y-el-cesar/20180807084430215188.html
http://imasinformacion.es/not/23081/entre-dios-y-el-cesar/
https://www.lanzadigital.com/opinion/entre-dios-y-el-cesar/

lunes, 23 de julio de 2018

El disputado voto a la derecha de la derecha



El espacio del centro en España, que era el que inclinaba la balanza hacia izquierda (PSOE) o derecha (PP), ha sido abandonado «sin complejos» por las derechas. Estas se pelean ahora en el apretado espacio de la derecha extrema, espacio que quiere liderar el nuevo presidente del PP. Le dejan libre al PSOE el espacio del centro-izquierda, quien solo o con la ayuda de otras izquierdas puede conformar gobiernos que ayuden a la mayor parte de la ciudadanía.

España no podía ser diferente a los países de su entorno: Alternativa para Alemania en el país teutón; Liga Norte en Italia, que gobierna con sus antípodas del Movimiento 5 Estrellas; el crecimiento del Partido de la Libertad en Austria, el del Frente Nacional en Francia… Todos ellos, de extrema derecha, han provocado más de un comentario preguntándose dónde estaba la extrema derecha en España. Muchos respondieron que en Ciudadanos (que últimamente le había robado muchos votantes al PP), en VOX y en el propio PP.

En las Primarias previas al XIX Congreso del PP, los militantes que quisieron y pudieron votar, menos de la décima parte de los que decían tener, eligieron en primer lugar a Soraya Sáenz de Santamaría, seguida de Pablo Casado y, alejada de los puestos de cabeza, a Dolores Cospedal. La batalla se libró en el reciente Congreso por el voto de los compromisarios entre los dos primeros, quienes, lejos de hacer caso al discurso más moderado de Soraya (y al voto mayoritario de los militantes), se decidieron por un Pablo Casado que les aseguraba una vuelta a sus esencias, un viaje a la derecha «sin complejos». Tan sin complejos ha sido el Congreso que han obviado por completo la razón por la que lo estaban celebrando: estar fuera del gobierno por el triunfo de la moción de censura presentada por el PSOE, a causa de la sentencia de la Gürtel por corrupción, y el consecuente abandono de Rajoy.

No cabe duda de que en España existe polarización política, incluso una polarización distinta, como sucede en Cataluña. No cabe duda de que la situación que se ha creado en aquella autonomía por la falta de entendimiento político entre Madrid y Barcelona ha supuesto una fuente de votos para las derechas. Votos que el nuevo presidente del PP quiere mantener cuando declara querer conectar con esa España de las banderas y los balcones, o sea, tensar más la cuerda con esas otras banderas y balcones del otro lado del Ebro. Bien distinta es la voluntad que se atisba en el nuevo gobierno de Pedro Sánchez, que va en pos del entendimiento. Está por ver si la racionalidad se impone también entre los políticos catalanes. El tiempo y el electorado decidirán en las próximas citas electorales quién lleva las riendas para conseguir el bienestar de la ciudadanía, que al final es de lo que se trata.


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https://dclm.es/noticias/74552/el-disputado-voto-a-la-derecha-de-la-derecha-/-pastor-millan
https://www.clm24.es/opinion/casimiro-pastor/disputado-voto-derecha-derecha/20180724080523213385.html
https://www.lanzadigital.com/opinion/el-disputado-voto-a-la-derecha-de-la-derecha/





martes, 12 de junio de 2018

Un velero llamado Libertad

La canción de José Luis Perales, que empezaba con «ayer se fue, tomó sus cosas y se puso a navegar…» me ha venido a la mente al empezar a escribir sobre la escalofriante historia de estos días, una más, otra como tantas… o quizá no. Esta vez ha sucedido algo diferente. Hace tan solo unos días, aunque parezcan meses, ha cambiado el gobierno en España por otro que tiene una sensibilidad social diferenteque tiene sentido de humanidad, y de eso hace falta en los países de la ribera rica del MediterráneoQué diferencia entre dos gobiernos nuevos tan distintos, el de Italia y el de España. El primero, populista, le cierra todos sus puertos al barco con centenares de inmigrantes náufragos a bordo, contraviniendo las leyes internacionales de acogida; el segundo, socialista, decide acoger en el puerto de Valencia a esas personas, condenadas a su «suerte», de no mediar alguien con poder de decisión.

Es probable que desde otras «sensibilidades» políticaspiensen que con este gobierno se nos va a llenar España de indeseables. Pero esa es otra historia. Es cierto que, como declaraba en un medio televisivo el ministro de AA.EE., Josep Borrell, no se trata de la frontera italiana, de la española o de la griega; se trata de la frontera de la UE. Por tanto, es un tema que debe de resolver el conjunto de la Unión Europea. Para dilucidar cómo, se deben de formular las preguntas adecuadas, y la primera sería ¿por qué se vienen? Claro, ¿por qué alguien está dispuesto a jugarse lo único que le queda, su propia vida, para saltar a Europa en esas condiciones? ¿Serán las guerras en sus países, será la falta de libertades, de futuro o de oportunidades? Entonces tal vez haya que pensar en invertir en los países de origen, en acabar con las guerras, etc. 

No creo que nadie en su sano juicio se juegue la vida para dejar su tierra si no es porque se ve impelido a ello sin más remedio. No valen vallas, ni muros, ni mares, ni espinos de por medio. La desesperación es como el agua, pasa por cualquier resquicio y acaba en gotera. Esto es algo global y cuanto más tardemos en percatarnos de ello y poner remedio, será peor para todos. Deben de aplicarse, por tanto, soluciones globales y ya sabemos que cuando se quieren solucionar las cosas, hay presupuesto. También para el «Aquarius», al que quizá sus ocupantes lo rebauticen por «Libertad».

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http://imasinformacion.es/not/22761/un-velero-llamado-libertad/



domingo, 27 de mayo de 2018

Rajoy quiere acabar la legislatura



La reciente sentencia sobre la trama Gürtel hace desaparecer el obligado «presunta» cada vez que se hable de la corrupción en el PP. Los jueces consideran ya probada la existencia de una caja B desde 1989 hasta al menos 2009; o sea, que cuando Aznar decía aquello de «váyase, señor González» ya llevaba años funcionando el entramado en B. Y faltan unas cuantas sentencias más.

La alegría tras la difícil aprobación de los recientes PGE para este año, con concesiones extra para los necesarios votos del PNV, ha durado un día a raíz de la sentencia Gürtel. Ha puesto en pie de guerra a la oposición, cada uno a su manera. De todo el arco parlamentario, el único partido que podía presentar una moción de censura era el PSOE. Y así lo ha hecho, por responsabilidad institucional y porque es lo que tiene que hacer el principal partido de la oposición ante un caso como este.

La aritmética parlamentaria sitúa la mayoría absoluta lejos del PP. Dicen que la política hace extraños compañeros de viaje, y así resultaría de no sumarse Ciudadanos a la moción de censura. Este partido, que prometía venir a regenerar la vida política, tiene ahora unos intereses electorales distintos a esa regeneración; es decir, apoyarían la moción solo para convocar elecciones generales inmediatas, ahora que las encuestas les favorecen. El PSOE quiere también elecciones, pero antes debe atender la abandonada agenda social y restablecer las instituciones. Y del resto, salvo Podemos, cada uno viene a decir «¿y de lo mío qué?» antes de dar su apoyo. Parecen sentirse cómodos con Rajoy en el gobierno, pues no priorizan su desalojo.

Mientras, desde el PP lanzan mensajes identificando a España con el gobierno o incluso con el propio PP, al manifestar que cualquier cosa que les perjudique perjudica también al país, sin tener en cuenta la corrupción, o más bien, diciendo que eso son cosas del pasado que nada tienen que ver con ellos. A todo esto, Rajoy se encuentra en su crisálida, como si nada fuera con él (como siempre) en una inacción que pondría nervioso al mismísimo don Tancredo, a la espera de que los desacuerdos de sus rivales le permitan acabar tranquilamente la legislatura.


Publicado en:
https://www.lanzadigital.com/opinion/rajoy-quiere-acabar-la-legislatura/
https://dclm.es/noticias/72309/rajoy-quiere-acabar-la-legislatura-/-casimiro-pastor
https://www.clm24.es/opinion/casimiro-pastor/rajoy-quiere-acabar-legislatura/20180528085452205951.html
http://imasinformacion.es/not/22658/rajoy-quiere-acabar-la-legislatura/


lunes, 30 de abril de 2018

Pensiones: cuando se quiere, se puede


Bienvenido sea el gobierno a la cordura que demanda la calle. El reciente acuerdo del PNV con el PP para aprobar los Presupuestos ha pillado a Ciudadanos con el paso cambiado. Este partido, que había divulgado sus cualidades de negociar unas mejoras para los pensionistas con el fin de apoyar al partido en el gobierno, se ha dado un baño de realidad. El PNV ha conseguido, a cambio de su apoyo, que el gobierno suba todas las pensiones de acuerdo con el IPC. Es decir, como establece la Constitución en su artículo 50 (aunque no con la suficiente claridad, al parecer). Es decir, lo que estaban pidiendo las mareas de pensionistas en las calles, sobre todo en Bilbao todos los lunes, pero solo por dos años y retrasando cuatro años más el «factor de sostenibilidad» (¿qué sostenibilidad?).

Esa temporalidad del acuerdo no es lo que piden los pensionistas, quienes afirman no querer parches, pues el problema sigue latente. Quieren, entre otras, la derogación de la ley de 2013; la de 2011 en lo que tiene de perjudicial para las futuras pensiones; el pago de lo perdido en estos años; la garantía de la financiación de la Seguridad Social en los PGE; modificar en la Constitución los artículos necesarios para especificar lo que ahora no parece estar tan claro en cuanto a la revalorización de las pensiones, y la reforma integral de la Seguridad Social, junto a una Reforma Laboral y otra Fiscal para que el Sistema sea sostenible.

El tema no es baladí, sobre todo porque hay casi 10 millones de pensionistas, o sea, de votantes a quienes no debe defraudar el PP, y más con elecciones en el cercano horizonte de 2019. Ciudadanos, que en su día ya saltó al ámbito nacional desde Cataluña, también lo debe reconsiderar, pues a lo mejor si el PNV (de derechas igual) hiciera lo mismo desde el ámbito vasco, les haría un descosido en su franja política. Puede que haya electores que voten en contra de su cartera por ideología, pero en general cuando la ciudadanía toma un voto y lo deposita en una urna, suele ser pragmática.

Escuchamos a tertulianos preguntarse de dónde va a salir el dinero para actualizar las pensiones con el IPC. Pero ninguno se preguntó de dónde saldrían los 1.500 millones de la Operación Castor, ni los 6.000 para el rescate de las autopistas privadas, ni los más de 40.000 que todavía debe la banca. Al final es cuestión de voluntad política. Cuando se quiere, se puede.
  


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https://www.lanzadigital.com/opinion/pensiones-cuando-se-quiere-se-puede/
https://www.clm24.es/opinion/casimiro-pastor/pensiones-cuando-quiere-puede/20180501085725202208.html
http://dclm.es/noticias/71294/pensiones-cuando-se-quiere-se-puede-/-casimiro-pastor
http://imasinformacion.es/not/22507/pensiones-cuando-se-quiere-se-puede/

martes, 10 de abril de 2018

Miremos la Luna



«Cuando el sabio señala la Luna, el necio mira al dedo». Confucio.

Los calamares, esos cefalópodos que descargan tinta para enturbiar las aguas cuando se ven amenazados, son un ejemplo para algunos gobernantes de nuestra España actual. Una vez que son descubiertos en alguna de sus triquiñuelas, tratan de enturbiar la escena para que el electorado piense que todos son iguales y así salir indemnes e, incluso, que les sigan votando por aquello de «más vale lo malo conocido…». Ahora, el equipo que trabaja en las redes sociales está haciendo horas extra para averiguar si algún socialista con cargo en el pasado tenía algún título cuestionable y, verdad o no, seguir enturbiando. Como si eso añadiera credibilidad alguna al famoso máster de la señora Cifuentes.

Ha resultado bochornoso para mucha gente ver cómo la aplaudían «los suyos» en la Convención del PP en Sevilla. «Hay que defender lo nuestro y a los nuestros», clamaba a micrófono batiente la secretaria general, señora Cospedal. Es lógico que mucha gente se pregunte qué es lo suyo. Sobre todo después de ver cómo ha afectado a la URJC, a sus másteres, a sus profesores, a sus alumnos y, por extensión, a la universidad pública española. No nos merecemos esto. Si es verdad lo publicado al respecto por eldiario.es, la señora Cifuentes no puede permanecer ni un minuto más en el cargo. El todavía rector se lo ha de plantear también, y algún que otro profesor (una ya dimitió). Hay que limpiar el buen nombre de las instituciones públicas.

Ciudadanos, que afirmaba venir a limpiar la vida política, tiene ahora una oportunidad de oro para unirse a quienes quieren restablecer el honor en las instituciones de la Comunidad de Madrid y mostrar la puerta de salida a la señora Cifuentes y a lo que representa. No debe de ser tan difícil: o se va por «vergüenza torera» o se le invita a marcharse desde su propio partido (sin aplausos) o desde los de enfrente. Hay mecanismos democráticos para casi todo y son evaluables por los votantes en las siguientes elecciones. Madrid se lo merece y España también. Miremos la Luna cuando el sabio la señala.


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domingo, 25 de marzo de 2018

Desafección política


La detención en Alemania de Puigdemont y el reciente ingreso en prisión de algunos políticos catalanes más, relacionados con el «procés», ha vuelto a poner de actualidad la crisis política que se vive en Cataluña. Esto ha dejado en un segundo plano la crisis del máster de la presidenta de la Comunidad de Madrid que, a su vez, había eclipsado la crisis de la manifestación de los pensionistas, la de la huelga por la igualdad de género, y así sucesivamente. 

A veces tenemos la impresión de ser más súbditos que ciudadanos, dado el comportamiento que se aprecia en determinados gobernantes. Todo esto provoca en la ciudadanía dos sentimientos: enfado y desafección. El enfado ya está en la calle y previsiblemente en las urnas, y la desafección provoca el alejamiento de todo lo que huela a política.

Si se le pregunta a la gente el porqué de su desinterés, responden no sentirse atendidos en sus necesidades y estar defraudados. Han visto evaporarse derechos que creían tener consolidados para toda la vida. Han visto cómo a los que habían votado hicieron lo contrario de lo prometido en campaña electoral: les desvincularon las pensiones del IPC, trataron de privatizar la Sanidad, los Servicios Sociales básicos se adelgazaron por presupuesto insuficiente, la investigación se paralizó, una generación de nuestros jóvenes mejor preparados se la regalamos a nuestros vecinos, se produjeron más despidos con nuevos empleos peor pagados…

Pero la desafección en democracia es peligrosa, porque si quienes más necesitan de la acción del Estado no van a votar, ganan aquellos que menos se interesan por su situación. Y esas políticas ya sabemos adónde conducen: a menos Estado, a más estímulo privado por encima de lo público y a ejercer el verdadero poder aquellos que no se presentan a las elecciones. Hay equipos trabajando en las redes sociales, y muy bien, para que la responsabilidad del gobierno se diluya entre todos los políticos del arco parlamentario, en un claro intento de provocar desafección, pues «todos son iguales». En nuestra inteligencia social reside el darnos cuenta y actuar en consecuencia.

Es necesario, pues, un mayor compromiso ciudadano con la política real, la de la gente, y eso empieza en la escuela; por eso es tan importante un pacto de Estado por la Educación. Por eso es necesario que la ciudadanía se interese, se informe y luego vote con la razón y no con la emoción del último titular de prensa. Titulares que están muy bien manejados desde no sabemos qué intereses, aunque los sospechemos.

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