domingo, 27 de julio de 2014

Comprar, usar y tirar


Ésa es la secuencia: comprar, usar, tirar y volver a comprar. Ésa es la vorágine consumista que gusta a los mercados de todo lo habido y por haber. Hace unos años criticábamos a los japoneses por fabricar productos de usar y tirar. Hoy día eso está generalizado y, aunque nos quejamos, parece ser inevitable. Es cierto que el mercado tiene sus propias regulaciones a través de los deseos, y capacidades de adquisición, de los consumidores. Pero, ¿por qué alguien ha de verse obligado a cambiar de impresora porque al fabricante se le haya ocurrido un número de copias máximo para que ésta se pare? ¿Por qué una máquina corta-setos en perfecto estado se debe desechar porque ya no suministran recambios de las escobillas para ese modelo? ¿Por qué un magnífico móvil, que cumple más que de sobra con las necesidades del usuario, deviene inservible porque su punto débil es la batería y muere con ella?

Se trata de la famosa obsolescencia programada, que no es algo reciente, ni un término que se acabe de acuñar. En la Navidad del año 1924, se reunió en la ciudad suiza de Ginebra el cartel Phoebus, que agrupaba a los principales fabricantes mundiales de bombillas. Acordó establecer en 1.000 las horas máximas de funcionamiento de una bombilla, cuando ya se habían alcanzado las 2.500 horas por avances tecnológicos. Sin embargo, en la estación de bomberos de la ciudad californiana de Livermore (EE.UU.) hay una bombilla que lleva encendida de manera ininterrumpida desde 1901, y aún sigue funcionando.

Cuando el nylon irrumpió en las fábricas textiles, las primeras medias de ese material eran casi irrompibles. Rápidamente, los fabricantes comenzaron sus pruebas de laboratorio para debilitarlas y que volvieran a producirse las famosas carreras. ¿Quién no ha sufrido una avería en su coche que le haga acordarse del padre de quien lo diseñó? Pongo el ejemplo del cambio de luces de cortas a largas. Dos lengüetas de cobre se acaban quemando por la chispa que produce la extra-corriente de ruptura. Valen unos céntimos, pero obligan a cambiar el conjunto entero, cuando una simple aleación de cobre-berilio en el punto de contacto evitaría esa molesta y costosa avería.

Antes se fabricaba para durar. Todavía tengo operativo un frigorífico Kelvinator con más de 40 años, que funciona a 125 V y que jamás ha sufrido una avería. Pero, en estos momentos, estamos llenando de basura el Planeta con productos que podrían seguir funcionando si, por una parte, no existiera la obsolescencia programada y si no fuéramos tan caprichosos, por otra. Es cierto que los fabricantes tienen sus razones, pero el resto de la humanidad tenemos también las nuestras; más aún hoy día, pues no está la situación como para andar con dispendios en fabricados que se deberían poder reparar, y a un precio razonable.

Publicado en:
http://www.lanzadigital.com/news/show/opinion/comprar-usar-y-tirar/66993
http://www.dclm.es/opiniones.php?id=1449
Diario Lanza de Ciudad Real. Edición en papel, página 21. 28-07-2014.
http://www.clm24.es/opinion/casimiro-pastor/comprar-usar-tirar-y-volver-comprar/20140730112018053400.html

Artículos relacionados:
http://elpais.com/m/economia/2014/10/31/actualidad/1414761553_335774.html
http://www.nuevatribuna.es/articulo/consumo/obsolescencia-productos/20170330182243138265.html

viernes, 11 de julio de 2014

El informe PISA y las finanzas


La prensa ha destacado con cierta dosis de sorpresa el último informe PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos) sobre la capacidad de los alumnos españoles para entender las facturas y las finanzas básicas. Digamos, en primer lugar, que este estudio se realiza en alumnos de 15 años, estudiantes de 4º de la ESO en España, y que establece un análisis comparativo entre los alumnos de diferentes países que, voluntariamente, se someten a él. En el informe, que se acaba de presentar en París,  han sido 18 los países analizados y el nuestro ha obtenido el puesto número 13.

Hasta el momento, los informes PISA se hacían sobre matemáticas, ciencias y lectura. En este último se han incluido por primera vez las finanzas. Los resultados han sido similares a los anteriores informes: por debajo de la media, 484 puntos sobre 500. Los primeros puestos han sido para Shanghái-China, Bélgica y Estonia, y los últimos, para Eslovaquia, Italia y Colombia. Además, sorprende que el informe refleje un bajo conocimiento financiero en aquellos alumnos que, sin embargo, obtuvieron un buen resultado en matemáticas. En nuestro país, sólo uno de cada seis estudiantes alcanza el nivel básico en competencia financiera.

Ahora bien, si esta prueba se realizara también a la población adulta, ¿qué resultado obtendríamos? ¿Cuántas personas saben interpretar una factura? A mí me cuesta entender la de la luz, por ejemplo. Me pregunto cómo es posible que el impuesto eléctrico (que forma parte de dicha factura) sea gravado con el IVA. ¿En qué país se aplica el IVA sobre otro impuesto? No parece tener mucho sentido. Por otra parte, ¿cuánta gente entiende las condiciones para abrir una cuenta o una imposición a plazo en un banco cuando dicen el “firme usted aquí”? ¿Entendemos lo que leemos y firmamos? Es más, ¿leemos siempre lo que firmamos?

No es sólo que no entendamos demasiado sobre finanzas básicas, sino que no prestamos atención suficiente a temas básicos de nuestra sociedad. Por ejemplo, ¿cuánta gente se lee los programas de los partidos políticos para decidir qué votar? Y eso es algo fundamental para el desarrollo de nuestra vida, como vemos a diario, pues nos afecta en las condiciones de trabajo, en nuestros sueldos, en nuestras pensiones, en nuestra Sanidad, en nuestra Educación, en la convivencia y en lo básico de nuestras libertades. Es importante que en los centros de formación enseñen a nuestros hijos lo necesario para la vida, entre ello las finanzas, pero no podemos exigirles lo que no hacemos nosotros. La educación es en casa y la formación, en los centros educativos.

Publicado en:
Lanza de Ciudad Real, edición en papel, página 27 de opinión, 12-07-2014.
http://www.clm24.es/opinion/casimiro-pastor/informe-pisa-y-finanzas/20140713114207051769.html
http://www.dclm.es/shh.php?id=1619

martes, 1 de julio de 2014

Subcampeones en pobreza infantil


Por las redes sociales se extendió una petición para que los futbolistas de La Roja renunciasen, en caso de ganar el mundial de Brasil, a parte de sus abultadas primas a favor de comedores escolares de verano. No obstante, como no superaron la fase de clasificación, no sabemos si habrían llegado a colaborar. España ocupa hoy el segundo puesto en la lista de países con mayor pobreza infantil: Rumanía, España, Bulgaria, Grecia e Italia. En lo que sí somos campeones es en la tasa de abandono escolar prematuro, duplicando la media. Ambos datos están extraídos de un informe de Cáritas Europa, ONG vinculada a la Iglesia Católica. 

Se sabe que los gobernantes de algunas CC.AA., tales como Castilla-La Mancha, Galicia, Madrid…, han preferido no promover los comedores escolares para niños pobres durante el estío, por temor a hacer visible la situación. Pero el problema sigue ahí. Es evidente que la política del avestruz no soluciona nada. Esos niños, que durante el curso pueden hacer al menos una comida al día en condiciones adecuadas, al llegar el verano y no poder asistir al comedor escolar, corren un alto riesgo de pasar hambre. Ante esto, como ante todo problema, existen dos tipos de solución: los preventivos y los paliativos. Los primeros tratan de evitar que los problemas se produzcan, lo que a medio y largo plazo siempre resulta más eficaz. En cambio, los paliativos se aplican cuando el problema ya se ha manifestado y lo único que se puede hacer entonces es minimizar los efectos.

Según el informe anual de UNICEF, en España hay más de 2,3 millones de niños viviendo por debajo del umbral de la pobreza, casi uno de cada tres. Ese informe destaca que el esfuerzo que España dedica a ayudar a las familias con hijos es el menor de toda la UE, un 0,5% del PIB frente al 1,4% de la media. Con estos mimbres no es difícil inferir por qué España tiene una de las tasas de natalidad más bajas del mundo. Las dificultades para encontrar trabajo, que sufren amplios estratos de la población, son mayores para las mujeres en edad fértil o con hijos a cargo. Son conocidos numerosos casos en los que han sido rechazadas en el último paso del proceso de contratación, la entrevista personal, por esta circunstancia.

Según FEDAIA, “invertir en infancia no es sólo una cuestión ética, es también rentable”. Así lo explican numerosos estudios efectuados por organizaciones de diversa procedencia. Los problemas que arrastrará una persona que haya sido pobre durante la infancia supondrán al Estado un coste muy superior al que hubiera correspondido de haberse evitado esta circunstancia; costes a los se habrán de añadir los derivados de su desaprovechamiento como trabajador cualificado y los de las carencias en los demás ámbitos de su vida social y familiar. Por tanto, aunque sólo sea por cuestiones económicas, quienes tengan la capacidad de tomar decisiones pónganse las gafas de ver lejos y actúen en consecuencia para solucionar esta increíble lacra en los tiempos que corren.