domingo, 27 de marzo de 2016

Predicar en el desierto


“No hay mejor sordo que quien no quiere oír, ni mejor ciego que quien no quiere ver”. Del refranero español. Los pasados días 23 y 24 de marzo me permití hacer un experimento en Facebook. Escribí en mi muro: “Acordaos de que esta noche cuando sean las 2:00, una hora después serán las 3:00”. Siete de cada diez que contestaron fue para sacarme del error, pues el cambio de hora era el fin de semana, decían. Yo no hablaba del cambio de hora, tan solo indicaba una obviedad, pues ¡una hora después de las dos son las tres! Hice la misma prueba de palabra con amigos y conocidos y el resultado fue muy parecido.

En efecto, el cambio de hora se ha producido en la madrugada del domingo 27, cuando a las 2 ha habido que adelantar los relojes a las 3. Ya sé que no tiene ningún valor estadístico, pero la broma me hizo recapacitar sobre cómo entendemos lo que estamos dispuestos a entender, ya sea de palabra o por escrito. Pensaba yo que algunos políticos se aprovechan de esa forma de entendimiento y la utilizan cuando emplean el socorrido: donde dije “digo”, digo “Diego”; y muchos les siguen votando digan lo que digan o hagan lo que hagan.

Ya en este terreno de la política, cada día que pasa parece que nos encaminamos hacia unas nuevas elecciones. Las continuas estadísticas reflejan ligeras pérdidas en intención de voto a aquellos partidos que la ciudadanía percibe como culpables de llevarnos a nuevos comicios y ligeras subidas de los que intentan evitarlo proponiendo acuerdos. Por lo que el resultado, de producirse ese escenario, sería parecido al actual.

Recuerdo el intento de Pedro Sánchez de conseguir su investidura, tras el encargo del Rey y de su acuerdo con Albert Rivera, presentando todo un programa de gobierno en el Parlamento. Nadie se movió un ápice de las actitudes preconcebidas, nadie pareció escuchar algo distinto a lo que estaba dispuesto a entender, como en el ejemplo de la hora. La impresión que dio fue la de predicar en el desierto.

Confiemos en que en los próximos días se lean, se escuchen y se entiendan bien lo que de verdad se estén diciendo, y cumplan de una vez con el encargo de llegar a acuerdos para formar gobierno que les hizo el electorado aquel ya lejano 20 de diciembre de 2015.

Publicado en:
http://www.clm24.es/opinion/casimiro-pastor/predicar-desierto/20160327095515111787.html
http://dclm.es/opiniones.php?id=2389
Lanza de Ciudad Real. Página 23 de Opinión. 28-03-2016
http://www.lanzadigital.com/news/show/opinion/predicar-en-el-desierto/96043
http://elcrisoldeciudadreal.es/2016/03/28/110255/predicar-en-el-desierto/
http://imasinformacion.es/not/17287/predicar-en-el-desierto/




domingo, 20 de marzo de 2016

Educación vial


La DGT prevé que se habrán producido 14,5 millones de desplazamientos de largo recorrido cuando acabe la Semana Santa. Recuérdese que el año pasado hubo un total de 33 fallecidos en las carreteras durante ese período, lo que supuso un incremento del 35% en víctimas mortales con respecto al año anterior. Víctimas que este año se incrementan con las 13 personas fallecidas del autocar siniestrado en la AP-7 el Domingo de Ramos.

Es cierto que ha aumentado la calidad y la seguridad pasiva de los vehículos, pero hemos de preguntarnos si la “calidad” y la seguridad de las personas que nos ponemos al volante ha ido pareja a la tecnológica. A veces no somos conscientes de estar conduciendo y nos distraemos con facilidad. Nos sorprendemos cuando vemos algún programa de televisión mostrando imágenes de conductores, captados por el helicóptero de la policía, haciendo las labores más insospechadas, incompatibles con la conducción.

Según las encuestas, la gran mayoría de los conductores pensamos hacerlo bien o muy bien, mientras percibimos que son los demás quienes lo hacen mal; sin embargo, el 45% de los niños no está de acuerdo en cómo conducen sus padres, y todos sabemos que la mejor educación es el ejemplo. No les sirve de mucho recibir una buena educación vial en los centros formativos, o lo que les digamos, si luego ven que el ejemplo de sus padres va en sentido contrario.

Quienes conducimos sabemos que se debe facilitar la maniobra al vehículo que nos quiere adelantar. Pues bien, observamos cómo en numerosas ocasiones el coche al que nos aproximamos con esa intención se va colocando más y más a su izquierda, o acelera un poco más mientras se le adelanta. Los intermitentes parecen unos adornos que pone el fabricante para embellecer la carrocería, pues muchos no los suelen utilizar para su verdadero uso. El reglaje de los faros es otra asignatura pendiente, lo que provoca numerosos deslumbramientos. A veces son las formas las que se pierden, y lo que sería un “perdone” en situaciones peatonales se convierte en gestos nada educados y acciones algo violentas al volante, que pueden provocar problemas de seguridad.

¿Qué está pasando? ¿Hemos olvidado lo que aprendimos en la autoescuela? ¿Hemos olvidado la educación normal de convivencia? Vivir en sociedad implica cumplir una serie de normas y de códigos y el de la circulación es uno de ellos. Quizá lo que está pasando en la conducción sea el reflejo en ese ámbito de nuestra sociedad, que parece haber perdido algunos “nortes”. Reflexionemos en estos días sobre este tema, pues nos puede ir la vida en ello, y no es una metáfora.

Publicado en:
http://elcrisoldeciudadreal.es/category/opinion-blogs/
http://imasinformacion.es/not/17208/educacion-vial/
http://www.dclm.es/noticia.php?id=41169
http://www.clm24.es/opinion/casimiro-pastor/educacion-mala-educacion-vial/20160321080940111363.html
Lanza de Ciudad Real. Contraportada. 21-02-2016.