domingo, 21 de noviembre de 2010

La OTAN y su futuro

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) surgió como consecuencia de los tiempos de la llamada “Guerra Fría”, o situación en la que el mundo se dividió en dos grandes bloques de influencia político-militar: aliados liderados por los Estados Unidos o por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial.

El origen fue protegerse de la creciente influencia soviética, cuyas amenazas podrían acabar con apoderarse de países que no les tocaron en la cumbre de Yalta. Naturalmente, ello propició que el otro bloque, el soviético, creara en 1955 el Tratado de Amistad, Colaboración y Asistencia Mutua, más conocido como Pacto de Varsovia, por el nombre de la ciudad en donde se firmó. Una vez más se cumplía el principio de acción reacción.

A la Alianza Atlántica, que formaron primero Francia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo y el Reino Unido en el Tratado de Bruselas (los Estados Unidos se unirían a continuación, lo que proporcionó a la Alianza su auténtica fuerza) firmado en aquella ciudad en 1948, se le fueron sumando países a lo largo de todos estos años. España se adhirió en 1982 durante el gobierno socialista de Felipe González.

Los últimos países en sumarse a la OTAN han sido varios de aquéllos que estuvieron en su día bajo influencia soviética, como las repúblicas Bálticas, Bulgaria, Eslovenia, etcétera, hasta completar el total de 28 los países que la integran en la actualidad. Con todo ello, y desde la desintegración de la Unión Soviética en 1991, la influencia del Pacto de Varsovia se ha quedado reducida a su existencia sobre el papel, siendo aquélla la única fuerza existente en todo el Hemisferio Norte.

Así, la OTAN se ha constituido en el policía del mundo, actuando militarmente en los países en donde, según su criterio, peligraba la democracia o podían suponer una amenaza a nuestro estilo de vida occidental. Pero también sucede que, desaparecida la razón del origen de su fundación, es decir, la amenaza soviética, se había llegado a la disyuntiva de o bien propiciar su desaparición e integrar parte de sus funciones en la ONU o su refundación y adaptación a los nuevos tiempos.

En la reunión de Lisboa, que ha terminado este domingo, día 21 de noviembre, se ha optado por su adaptación. Aunque el nombre seguirá siendo el mismo, habrá variaciones sustanciales en la nueva OTAN y sus funciones con la conocida hasta ahora. Los nuevos tiempos ya no requieren unos gastos tan desorbitados en armamento, pues el sinsentido que supuso la escalada militar de los bloques de la Guerra Fría no tiene cabida en estos momentos. Ahora el enemigo es otro. Según la Doctrina Estratégica aprobada en Lisboa, las nuevas amenazas tienen que ver con el terrorismo internacional encabezado por Al Qaeda (La Base), el crimen organizado, la trata de seres humanos…

Se cifra en una treintena los países que tienen o estén en posibilidad de llegar a tener armas nucleares y que puedan suponer una amenaza para el mundo o para alguno de los países de la Alianza. El reforzamiento y ampliación del escudo antimisiles, al que se suma ahora Rusia, supondrá un incremento del gasto militar, pero ese gasto se verá reducido en otras partidas. Se enfatiza el artículo quinto del Tratado (cualquier país atacado por un tercero, supondrá un ataque a todos los países integrantes de la OTAN) y se arrogan el derecho del “ataque preventivo” en cualquier parte del mundo que se considere una amenaza. Por ello, el secretario general, el danés Anders Fogh Rasmussen, asegura que el nuevo concepto estratégico no es una simple declaración de principios, sino un plan de acciones que será aplicado de forma rigurosa.

Pero ahora ya hay amenazas que no cuestan tanto a un hipotético enemigo, como son los ciber ataques. Con una red de ordenadores debidamente manejados se puede paralizar la economía mundial. Un hacker puede alterar el sistema de defensa de los Estados Unidos, ¿recuerdan la película Juegos de Guerra? Se pueden atacar los suministros de energía o de agua a cualquier gran población. Las autopistas de la energía (grandes oleoductos y gasoductos) que vienen de oriente a occidente son también objetivos a proteger.

La nueva amenaza para occidente ya no es el enfrentamiento clásico en el que dos ejércitos se iban al campo y se disparaban. El nuevo enemigo es más bien un terrorista y el enemigo de éste es la población civil. Así pues, la nueva OTAN será como el cirujano que ataja el mal cortando una parte del cuerpo. Habría que establecer, siguiendo el símil de la medicina, tratamientos adecuados previos para no tener que llegar a esos extremos y que ese cuerpo funcione con normalidad. Los miedos, hasta cierto nivel, actúan de manera preventiva, pero superados ciertos umbrales paralizan y se convierten ellos mismos en nuestro peor enemigo.

Publicado en: http://www.dclm.es/news/120/ARTICLE/81869/2010-11-21.html
Publicado en la edición en papel de Lanza de Ciudad Real, Opinión, pag. 32. 23-11-10

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