domingo, 5 de diciembre de 2010

¿Quién controla al controlador?

En estos momentos la respuesta a la pregunta del titular es fácil: el Ejército del Aire, por orden del gobierno. Tanto han tensado la cuerda los controladores aéreos, que el gobierno se ha visto obligado a apurar los recursos que la Constitución pone a su alcance y decretar el Estado de Alarma. Éste es el menos grave de los que desarrolla la Ley Orgánica 4/1981 de los Estados de Alarma, Excepción y Sitio y es la primera vez que se aplica en nuestra democracia.

Ha sido “vox populi” que se trata de unos trabajadores privilegiados y, por los medios de comunicación, se han escuchado opiniones de los afectados que no les dejaban en muy buen lugar. Con unos sueldos que, en algunos casos, incluso superan a lo que cobra la señora Cospedal, aún quieren mantener una serie de privilegios, mientras el común de los funcionarios ha visto reducidos sus emolumentos en una media del 5% a consecuencia de la crisis.

Todo arranca con el primer convenio colectivo firmado entre la Unión Sindical de Controladores Aéreos (USCA) y el ente público Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (AENA) que publicó el BOE de 18 de marzo de 1999, (con Aznar como presidente del gobierno) y con efectos desde el 1 de enero de aquel año hasta el 31 de diciembre de 2004, donde se establecían prórrogas pactadas o automáticas. Leyéndolo, hay que reconocerles que lo negociaron muy bien.

A lo largo de los últimos años se han producido distintas situaciones conflictivas entre AENA, el ministerio de Fomento y los controladores, con la negociación del segundo convenio como fondo. Las presiones de estos últimos han provocado distintas huelgas encubiertas a base de enfermedades colectivas. Éstas les impedían asistir a su puesto de trabajo, mientras utilizaban como rehenes a los usuarios de los medios de transporte aéreo. ¿Alguien se imagina algo parecido con los trabajadores de las compañías que abastecen de energía (gas y electricidad) a las poblaciones, cortando el suministro?

Reconozco el derecho que tiene cualquier trabajador a defender sus derechos con los medios que le ley pone a su alcance, pero no se pueden sobrepasar determinadas líneas rojas que perjudiquen a terceros inocentes e indefensos. Está por evaluarse el alcance que tendrá en la economía la huelga salvaje de los controladores aéreos españoles, alcance que trasciende nuestras fronteras (ahora deberán hacer frente a sus responsabilidades legales). Además de los aspectos económicos, sin duda muy importantes, están los irrecuperables daños morales sufridos por cada una de los cientos de miles de personas, que por distintos motivos viajaban, a quienes les han truncado sus expectativas.

Previendo el problema que podía ocasionar el colectivo de controladores aéreos, el gobierno ya venía utilizando el decreto ley para, primero devolver a AENA el control, y luego establecer el número de horas efectivas y su cómputo. Los controladores, quienes no querían ser controlados, decidieron presionar al límite utilizando como rehenes a la población civil en unas fechas tan señaladas como el puente de la Constitución. El gobierno ha hecho lo que tenía que hacer, tanto en el primer caso como después, para evitar que un pequeño grupo de trabajadores pusiera en jaque al país. Ahora, sometidos temporalmente a la jurisdicción militar, están todos en sus puestos. Esperemos dos cosas: una, que esta situación no se vuelva a repetir (Rubalcaba dice que eso no ocurrirá) y otra, que no se aproveche por algunos para decir a la italiana: “¿piove?, porco governo” (¿llueve?, cerdo gobierno).

Publicado en: http://www.dclm.es/news/120/ARTICLE/83417/2010-12-05.html
Publicado en: http://www.lanzadigital.com/quien_controla_al_controlador_pdf_17730.html

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