martes, 9 de agosto de 2011

¿Y ahora qué?

Standard &Poor’s, una de las tres agencias de calificación (todas norteamericanas), ha rebajado la nota a los Estados Unidos, por lo que han perdido la triple A, o máxima nota otorgada a los países que son fiables a la hora de devolver la deuda pública a los inversores. La pérdida de dicha calificación, que mantenía desde 1917, ha provocado un evidente malestar en el presidente Obama y su gobierno, así como en amplios sectores de la población estadounidense. Los esfuerzos reclamados por Obama a la oposición conservadora no han encontrado el eco deseado, con lo que se retrasa a 2012 una solución a sus problemas de déficit.

Antes se decía que un estornudo en Estados Unidos provocaba un resfriado en Europa. Pero esta vez ya teníamos nuestro propio resfriado, del que no nos habíamos curado cuando lo provocó el anterior estornudo, el del Lehman Brothers en septiembre de 2008. ¡Con lo malos que son los resfriados mal curados y, sobre todo, las recaídas! Aquella crisis financiera trajo la crisis económica y sus terribles consecuencias. Ahora, con la nueva crisis financiera sobrevolando nuestras cabezas, se puede producir un efecto multiplicador que hará temblar los cimientos de nuestro modo de vida en los países ricos, pues en los países pobres, situados al borde del abismo, están dando ya un paso al frente.

Los gobiernos, quienes aplicaron medidas de emergencia facilitando dinero al sistema financiero, no han sabido (o no han podido) aplicar las medidas correctoras allá donde hacían falta, es decir, al modo de operar del sistema financiero. No le pusieron el cascabel al gato y, en cambio, aplicaron medidas a los espacios de la sociedad más alejados de quienes provocaron la crisis, a los más débiles. Y aquellos gobiernos más remisos a esa “obligación”, como los socialdemócratas, están siendo vapuleados por el propio pueblo, que todavía no ha terminado de entender de qué va la hebra. No se pueden aplicar soluciones del pasado a estos problemas tan actuales.

La mal llamada “ingeniería” financiera, es decir, la especulación sin límites, no produce bien alguno a la sociedad. Tan solo genera beneficios a personas que ya están podridas de dinero. Pero los sectores productivos, que sí generan riqueza útil, necesitan dinero para poder subsistir. Los gobiernos están cometiendo el error de dejar operar a los tiburones financieros a sus anchas, mientras éstos no dejan que fluya el capital hacia las cadenas de producción. Esa corta visión de lo inmediato, sin preocuparse en absoluto de mirar más allá, tiende a que se produzca el suicidio del propio sistema capitalista. No van a venir los bárbaros del norte como en la caída del Imperio Romano.

Mientras tanto, se están empezando a ver signos importantes de revueltas sociales en muchos países. Eso es tan solo la punta del iceberg de la que se puede estar preparando como siguiente paso a las crisis. Los poderes públicos de todas las naciones tienen la obligación, en primer lugar, de atender a su pueblo para que no se les vaya de las manos la situación. Cuando desde los sectores conservadores se empiezan a ver con simpatía las actitudes dictatoriales, y desde los sectores progresistas se empieza a desconfiar de la democracia y a pasar de las urnas, no es difícil inferir hacia dónde puede conducir el camino emprendido. Ojo al dato, que diría el ínclito José María García.

Publicado en: http://www.dclm.es/noticia.php?noticia=101547
Publicado en: Lanza, Opinión, pág. 25 edición en papel. 09-08-2011
Publicado en: http://www.lanzadigital.com/opinion/y_ahora_que-23720.html

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