lunes, 14 de junio de 2010

Cuando se hace lo que hay que hacer

Las recientes medidas que ha tomado el gobierno de España para reducir el déficit, entre las que se han visto involucrados los funcionarios con una reducción media del 5% en sus emolumentos y las pensiones de mayor cuantía, que no subirán el próximo año, han provocado la reacción de las organizaciones sindicales, quienes han convocado una huelga en el sector público el pasado día 8, con participación muy desigual según la fuente: para el gobierno, del 11,85% y para los convocantes, sensiblemente superior. Lo que parece evidente es que la medida del éxito de una huelga no está tanto en su participación como en conseguir mejorar las condiciones de sus trabajadores; todo lo que sea alejarse de ese objetivo son lecturas interesadas con otros fines.

Distintos analistas se plantean si el 8-J ha sido un ensayo de huelga general. De hecho, el sindicato CSI-CSIF se ha quejado de haber sido utilizado por los mayoritarios UGT y CC.OO. para ese ensayo y no tanto para reclamar los derechos salariales de los funcionarios. Una de las preguntas que surgían en las distintas tertulias de los medios audiovisuales es cuál es el verdadero poder de influencia que tienen los sindicatos. Algunos tertulianos manifestaban que muy poca, no de ahora, sino en los últimos años, mientras que otros se quejaban de que los verdaderamente perjudicados de la escasa representatividad sindical sean los propios trabajadores. Sea como fuere, el caso es que la huelga del pasado día 8 parece haber sido más un ensayo para una hipotética huelga general, y una prueba de poder de convocatoria, que un intento de conseguir realmente el objetivo de que no les rebaje el 5% de media en el sueldo a los funcionarios.

Algo que también parece evidente es que los distintos gobiernos europeos están adoptando acciones de gobernabilidad con independencia de ideologías y de programas electorales. El pragmatismo se impone ante la dramática situación económica en la que estamos inmersos, con el euro amenazado de jaque. Tal es así que gobiernos como el conservador de Angela Merkel en la poderosa Alemania o el de David Cameron en el Reino Unido, quien recientemente ha sustituido al laborista Brown, se estén olvidando de sus promesas electorales y lancen mensajes a sus ciudadanos sobre las dolorosas medidas económicas que se ven obligados a tomar. Dificultades, que en el caso del Reino Unido, ya avisan de que pueden durar incluso décadas. Evidentemente, el gobierno español ha tomado las medidas apropiadas, aunque puedan ir en parte en contra de sus políticas sociales, políticas que han incrementado en los últimos años hasta en un 50% las ayudas que había de gobiernos anteriores. Las acciones de gobernanza se han de tomar en cualquier caso aun a costa de que ello suponga una rebaja en intención de voto en las encuestas, porque primero está España. Ojalá todos los partidos pensaran igual.

Cuando desde el partido de la oposición en España escucho frases de papeles cambiados, como su preocupación por los trabajadores y por las clases desfavorecidas, no puedo por menos que esbozar una irónica sonrisa. Quizá sería más útil para todos que ese partido hiciera como han hecho sus colegas de otros países: ayudar a sus respectivos gobiernos en la recuperación económica, como hace unos días le recordaba a los conservadores españoles un colega del partido popular europeo.

Publicado en http://www.dclm.es/news/120/ARTICLE/66619/2010-06-09.html

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